1/11/16

Otro scrapbook de 2016

Creo que es el segundo. Puede que ya sea el tercero. Sí, el tercero. Es que hace rato dejé de numerarlos y pierdo la cuenta. No importa, en realidad. Es uno más. Estoy usando una agenda de este año de Monoblock que conseguí en super oferta pues ya era agosto y traía muchas fallas de impresión de fábrica. Las tapas son preciosas, ilustradas por Chrystopher Woods y dentro está lleno de frases inspiradoras y páginas especiales para planificar un viaje. Algunas las dejé a la vista porque la información me parecía útil y las demás... bueno, ¡fueron debidamente scrapbookeadas! Llegué a un punto en el que el formato del cuaderno me cansó y necesito ponerle pausa y pasar a otro, más grande o más chico. Ya veré. Por lo pronto, lo que está hecho lo pueden ver en este video. ¡Por fin  logré hacer uno en HD! 

bonus: si participaron del #ineedyourmagazinessawp ¡las desafío a reconocer las cositas que me enviaron y dejar comment!




23/10/16

El día L: epílogo

Llegó el día, nomás. 23 de octubre. Es  increíble que haya pasado un año entero (más un día de yapa) desde que arribé a Londres aquella mañana, llena de expectativas y ansiedad. Será porque desde que volví no dejé de pensar en ese viaje, en las cosas que viví, las que aprendí, las que oí y observé. Cada vez que alguien menciona Londres yo salto emocionada a opinar y contar cosas. Cada vez que una amiga o conocido viajaba a Londres una partecita mía iba con ellos. 



Cuando regresé a casa descubrí que medio barrio se había enterado de mis aventuras en Europa y a diario me paraban por la calle para preguntarme cómo me había ido. "¿¿SOLA TE FUISTE??" era la pregunta que seguía. Ahí me percaté de que lo que para mí era absolutamente normal, para mucha gente es algo excepcional, impensado. Y yo no me imagino otra forma de viajar que no sea sola. Lo hago desde hace 16 años, aunque nunca me había ido TAN lejos a vivir experiencias TAN distintas. Igual, nunca me dio miedo viajar sola. Al contrario, me da más seguridad para lidiar con mi ansiedad (el trastorno de, no la impaciencia). Yo tengo el control de a dónde voy y cuándo, de las horas, comidas, paseos, distancias, puedo improvisar si lo necesito para mi tranquilidad. Depender de otros para decidir y elegir me angustia y tensiona. Suena a drama queen pero es así, una vez que reconocí el síntoma y pude viajar sola, lo viví de otra manera. Mejor para mí y para los demás también, así les ahorro problemas. Ademas, viajar solo te llena de gratificaciones personales. Darte cuenta de que pudiste resolver trámites en otro idioma, que llegaste a un lugar aunque era complicado, que lograste comunicarte con un extranjero y hasta charlaste haciendo chistes, que ante pequeñas crisis encontraste la manera de salir airoso, de que pudiste sobreponerte a ese episodio de enojo/angustia y seguiste camino. Son las mayores enseñanzas de un viaje, largo, corto, lejos, cerca. 

Después de un año todo lo lindo se recuerda maravilloso, magnificado, más emotivo. Lo malo queda como anécdota y lección de vida. 

hello, it's me, can you see me?


Leyendo mis relatos sobre Londres ustedes podrán pensar que me salió todo bárbaro (exceptuando ese hotel del infierno del cual ya ahondé demasiado) y no fue así. Hubo días en que volvía tan cansada que no podía elaborar ni una oración en Inglés y esquivaba todo tipo de interacción con humanos. Una noche en un café necesitaba pedirle al empleado que me tostara el sandwich que le llevé desde la heladera y no me salía nada más que "hot", así suelto. Por suerte el flaco puso de su parte y me entendió, el Inglés tampoco era su lengua materna. O también esa otra vez en Tesco, cerca del hotel, que sin darme cuenta me salteé la fila de gente y fui directo a la caja, ¡absolutamente convencida de que esa cola era para las cajas autoservicio! Ni bien terminé de pagar y la cajera dijo "next!" una piba rubia se paró al lado, con cara de furia, y mientras ponía sus compras en la caja, me recriminó que ella "hacía 10 minutos que estaba haciendo la cola y que yo había pasado así nomás" y bla bla. Me tomó tan de sorpresa el reclamo que no atinaba a decirle nada coherente, miré la fila de gente y me disculpé enseguida. Le expliqué que no era del barrio, que era turista y ella me la seguía por lo bajo. "Seriously..." me espetó y yo seguía ahí, petrificada al lado de la caja sin saber qué agregar, genuinamente sorprendida ante mi error. Di media vuelta y me volví al hotel ofuscada, confundida. Porque yo no había tenido mala intención y me seguía disculpando pero ella no parecía creerme. Iba bufando de bronca porque no había logrado explicarme bien, y  no porque no supiera las palabras en inglés sino porque me bloqueé por completo. El incidente pasó y días más tarde me cayó la ficha: ¿¿POR QUÉ CORNOS NI ELLA NI NADIE EN LA FILA ME PEGÓ UN GRITO, ME CHISTÓ A LO LEJOS, ME AVISÓ DEL ERROR?? ¿por qué me dejaron quedar como una avivada? Porque los británicos son así. No llevan la queja en su ADN. Son capaces de bancarse cualquier injusticia con tal de no reclamar. Si eso me hubiese pasado acá, me habrían echado a gritos xD



Otra anécdota de las "malas": un día iba en el underground no muy segura de haber tomado el tren correcto. Le consulté a la señora que iba al lado mío, leyendo el diario. Ni se movió. No hizo gesto de haberme escuchado. Me quedé mirándola, a ver si reaccionaba y me decía algo tipo "perdón no te entendí, ¿qué me decías?". Nada. Mi cara de WTF debe haber sido antológica. Daba para un gif. 

Otratarde, en el largo pasillo del subte que lleva al Victoria & Albert Museum, encontré un músico tocando el canon de Pachelbel en su violín, lo venía escuchando desde lejos y cuando estuve frente a el y quise hacerle un video, el tipo dejó de tocar y me hizo señas de que no. Otro WTF. 

En Liverpool Street Station había un negocito de pasties, que son el plato típico de Cornwall. Como se parecen TANTO a  nuestras empanadas le quise sacar foto con el zoom y la empleada me hizo señas de que no se podía. ¿Cuántos wtf van ya?

En la última semana ya me había cansado de tratar con indios  y pakistaníes en los negocios pues tienen un acento bastante fuerte, que me costaba entender la mayoría de las veces. Uno va a Londres creyendo, erróneamente, que va a poder charlar y practicar el idioma con los ingleses, de elegante acento British, y la realidad es que los empleados que atienden en el 75% de los comercios son inmigrantes (o descendientes) de todas partes del mundo, con acentos que presentan desafíos, algunos más complicados de entender que otros. Londres se siente como un sample del mundo entero. Una especie de catálogo. Caminando por sus calles te cruzás con gente de todas las nacionalidades, razas y religiones. Y no porque sean turistas sino porque viven allí. Ciudad cosmopolita, que le dicen. Yo era una más del montón, no me destacaba. Además allá hasta los locales andan con un carry on por central London a toda hora (supuse que eran commuters). 



Entre las cosas buenas que me sucedieron hay unas cuantas que son cómicas. Recuerdo que de entrada, cuando le preguntaba algo a una señora por la calle o en el underground, las abordaba diciéndoles "lady", en vez de "madam". Cuando me percaté, me reí durante horas. Y el otro día, mirando un video de un youtuber, me di cuenta de que NO LE DEJÉ PROPINA AL TAXISTA. Tomé un solo black cab en toda mi estadía y no le dejé propina. Shame on me. 

El busker que tocaba "All you need is love" en el Underground, el ultimo día en Notting Hill Gate, me cayó tan en el momento justo que se me saltaban las lágrimas de los ojos y no veía por dónde iba. 

Yo llegué justo para los últimos días del Mundial de Rugby y cuando descubrían que era de Argentina me preguntaban si había ido a ver eso. A mí no podría interesarme menos el rugby, y en Argentina unos cuantos me envidiaban a la distancia. :P



Una de las cosas que aprendí fue a perder enseguida el miedo a preguntar cosas en otro idioma y no entender la respuesta. Me pasó un par de veces pero sonreí, agradecí y pregunté más adelante a otro. 



Los nenes y nenas británicos, en general, son adorables. Son super educados, piden permiso, se disculpan. Criaturas de 3 años, hablando el idioma que a uno le llevó años y mucho esfuerzo, con una gracia y vocabulario adulto que daban ganas de comérselos a besos. Yo me había llevado el iPod con música, para dar al viaje la banda de sonido apropiada y, salvo en los vuelos, no hubo una sola vez en que la escuchara. Los sonidos de la calle eran mucho más interesantes. ¡Hasta los escasos bocinazos y el bullicio del tráfico eran atractivos! Un día en un Pret reconocí a un tipo que tartamudeaba fuerte en algún idioma africano. Era novedoso. Me hice experta en curiosear disimuladamente conversaciones cercanas porque los británicos hablan en voz baja (a no ser que estén ebrios y ahí cambia el panorama), no van gritando por la calle o en el transporte público, ni por celular.  En cambio los indios sí, suelen ir en familia o grupos de varias personas y van hablando fuerte, gesticulando. En eso se parecen a nosotros, los latinos (por favor, no lean ningún indicio de racismo ni xenofobia en mi relato, son simples observaciones externas de alguien que de pronto ¡se encontró con el resto del mundo en un solo lugar!).



Cada tanto pienso en TODAS LAS FOTOS QUE NO SAQUÉ y me enojo conmigo misma. Pero enseguida recuerdo que iba pensando "no puede sacarle foto en secuencia a todo lo que veo, basta. O vivo la experiencia o saco fotos". Y acá me ven, buscando lugares visitados en el street view de Google maps...

Viajar en tren es hermoso(aunque subir las valijas cargadas al guarda equipaje yo sola fue una gran proeza). Y más en esos trenes europeos, que son confortables, se disculpan cuando hay un minuto de retraso en la salida. El paisaje del English countryside dan ganas de bajar en cada estación a sacar fotos. Te subís, elegís asiento (yo no iba en first class) y te dejás llevar por el suave trucutrumtrucutrum del vagón sobre las vías. Además es práctico. Y rápido. Me encantó.

Otra lección aprendida: lo mejor es, para cada día, elegir una zona o barrio para conocer a fondo, sacarle el jugo. No armar recorridos que incluyen tres puntos, atravesando la ciudad de un extremo al otro, como hice yo. Es una locura y no aprovechás bien ninguno porque tenés esa sensación de que estás llegando tarde al siguiente lugar, que te quedás sin luz natural, etc. Aunque queden cosas pendientes. O mejor, incluso. A mí me quedó TANTO por visitar...

Llegué a la conclusión de que un mes de viaje, con escapadas a otras ciudades, trenes y acarreo de equipaje, es demasiado. Especialmente para mí, que tengo un pésimo estado físico y limitadas energías. Toda mi vida la he vivido en una ciudad chica del interior, de ritmo lento, todo queda cerca a pie, al mediodía se cierra para almorzar y dormir la siesta (yo no duermo pero es un rato de relax después de la comida). El trajín de caminar por horas, de la mañana a la noche, en capitales europeas durante 30 días, me dejó con un par de kilos menos y bastate agotada. ¡Pero quién me quita lo bailado, muchachos!

Esto más que epílogo parece un chapuzón dentro del lío que es mi cabeza... es que me ha quedado una infinidad de notitas y postales sueltas. Como ven tengo una reprochable facilidad para hablar/escribir sin parar sobre Londres y sus particularidades. Pero la cosa que más me voló la cabeza, en todo el viaje completo, fue la noción de que por esas mismas calles que yo caminaba pasaron CIENTOS de generaciones y sucesos históricos a nivel mundial. Lo más cerca que había estado de un lugar antiguo probablemente haya sido en Buenos Aires o en el casco antiguo de Montevideo pero... NO UNA CONSTRUCCIÓN QUE ESTÁ EN PIE DESDE EL 1300 Y PICO. ¿Comprenden mi fascinación? Mi ciudad apenas tiene 125 años de existencia. Y solo 63 de autonomía. En Europa la conciencia histórica me daba vuelta y media, me dejaba boquiabierta, incrédula. Maravillada.

un buzón en Norwich, de la época Victoriana - siglo XIX
  la V y R son las iniciales de "Victoria Regina", también vi otros con las iniciales G R (George) y las de ahora dicen E R

En el post anterior, sobre el último día en Paris, dije que se terminaba el viaje y empezaba un nuevo sueño por cumplir: volver. Cuando sea y como sea pero volver. 

No los apabullo más. Ya está. I got it out of my system. Saber que había lectores interesados en mis aventuras me motivó a sentarme a escribir lo que quedaba, elegir fotos, tratar de que fuera ameno. ¡Gracias por leer y comentar!

Este blog retoma su (errática) programación habitual.